Ante semejante tempestad, cualquier navío se hundiría sin remisión si no contara con anclas de peso pesado. Yo tengo dos, y son la única razón por la que mi corazón sigue latiendo de manera deliberada.
Mi madre es mi conexión con el mundo de los vivos. Ella es el pilar central sobre el que se sostiene mi endeble estructura. Mi amor por ella es la fuerza más violenta y hermosa que habita en mí. Ver su día a día, pelear con la administración pública, redactar cartas suplicando que reconozcan su dependencia, despierta en mí una rabia protectora que me devuelve la dignidad.
Y a mi lado, respirando con una tranquilidad que parece mágica, está Nena. Mi pequeña Shar-Pei desconoce la lista de mis trastornos. Ella no ve a un hombre incapacitado; ella ve a su protector, a su mundo entero.
Cuando la agorafobia me arincona contra la pared, apoyar mi mano sobre ella actúa como un desfibrilador espiritual. En el caos absoluto, Nena es mi paz más rotunda.
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